martes, 30 de junio de 2009

Cielo e infierno, tú eliges

Ducharse en Islandia debe ser lo más parecido a entrenarse para vivir en el infierno. El agua caliente sale ardiendo por la ducha entre vapores. No hay término medio, o la mezclas con agua fría rápidamente, o corres riesgo de acabar en la unidad de quemados de un hospital de Reykjavík. El olor a huevos podridos debido al azufre es considerable, y si te duchas con joyas de plata estas se oxidan, no sabemos aún si para siempre. En cambio el agua fría es lo más exquisito que han probado nuestras inexpertas papilas gustativas, un sabor difícil de igualar y de explicar con palabras del mundo de los vivos. Así, cielo e infierno se encuentran en las cañerías de esta isla, y la salvación o la condena eternas dependen de un golpe grifo.

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