viernes, 3 de julio de 2009
Mentidero de Reykiavík
El día de la visita a la isla de Viðey conocimos a una chica alemana de Baviera, muy pizpireta ella, y nos contó entre otras cosas que era su segunda visita a Islandia, y que la había recorrido en caballo islandés (todos los países que visita los recorre a caballo) Nos dijo que para montar en un caballo islandés te obligan a desinfectarte, por aquello de las enfermedades, y esta idea me pareció un avance porque por una vez es el animal racional el desinfectado, que ya era hora. También hemos conocido a una chica italiana que vende joyas artesanas en una de las calles principales de la ciudad. Nos explicó que lleva cinco años en Islandia y que le gusta porque es tranquilo y hace menos frío que en la zona de Italia donde ella residía. Parece integrada porque conoce a todo el mundo. Intentó vivir en Madrid pero no se adaptó, y tiene tres hijos y un marido islandés. Por último, en la panadería hemos conocido a una chica de Ecuador que lleva un año en Reykjavík, y que vino porque su marido es un americano que se sintió atraído por Islandia gracias a su pasión por Björk. Ella nos explicó que en inverno hace tanto viento que no se puede andar y que a las 18 horas todo está cerrado. Está contenta porque ahorra unos 1000 dólares, no quedó claro si mensuales o anuales.
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